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Trabajan hombres contra machismo

Las conductas machistas habituales también disminuyen la esperanza de vida de los hombres.
martes, 23 de noviembre de 2021
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Agencia/Reforma

El machismo no afecta sólo a las mujeres.

Aunque según la ONU al menos 6 de cada 10 mujeres mexicanas ha enfrentado un incidente de violencia, lo cierto es que las conductas machistas habituales también disminuyen la esperanza de vida de los hombres.

En el continente americano, hasta 2019, la esperanza de vida de los varones era de cinco a seis años inferior a la de las mujeres, según un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), titulado Masculinidades y Salud en la Región de las Américas.

Las expectativas sociales para ser proveedores de sus familias, participar en conductas de riesgo, ser sexualmente dominantes y evitar discutir sus emociones o buscar ayuda psicológica, lo denominado como masculinidad tóxica, contribuyen a tasas más altas de suicidio, homicidio, adicciones y accidentes de tránsito, así como de enfermedades no transmisibles.

"Los hombres partimos mucho de la idea de que enfrentamos al mundo solos. La concepción de la masculinidad es un poco así también, las dificultades de este mandato las asumimos solos y es difícil encontrar con quién hablar: gran parte de nuestro camino en cierta medida lo hacemos solos, estos espacios me fueron abriendo los ojos", explica Adrián, miembro del colectivo tapatío Dejar de Chingar.

Así como él, son muchos los hombres en Guadalajara y en varias partes del País que se reúnen en grupos reflexivos para discutir las formas en las que aprendieron conductas viriles según la tradición cultural.

Para Adrián, este cuestionamiento de la masculinidad surgió durante la educación básica, cuando un chico en su escuela era abusivo con él y, por toda respuesta, su padre le advirtió que tendría que recurrir a la violencia.

Aunque logró que lo dejaran de molestar en el colegio, creció en él una incomodidad constante sobre lo que ahora sabe que se llama el "mandato de la masculinidad".

Según la antropóloga, escritora y feminista argentina Rita Segato, el "mandato de masculinidad" se refiere a una exigencia, implícita y explícita, que lleva a los hombres a mostrar y evidenciar continuamente una potencia, sobre todo ante los pares o cómplices, es decir, ante los demás varones.

Dejar de Chingar nació en 2013 y, como lo dice su nombre, nació cuando la lucha feminista enfrentó a los hombres para preguntarles cuál era su trabajo en contra de las violencias.

Según su exposición de principios: "contra nuestro patriarcado: dejar de chingar".

Ahora el grupo se reúne cada 15 días, los sábados, de manera presencial o virtual y discuten diferentes temas: desde la expresión de su sexualidad hasta cómo se involucran en el trabajo doméstico y de cuidados, cómo enfrentar a sus amigos o familiares que han sido denunciados, cómo les afectan esos mandatos a no expresar sus emociones para parecer más fuertes y cómo relacionarse con otros hombres sin esa violencia que los caracteriza.

Nadie se libera solo, dice Adrián, un profesor universitario de 30 años, y en ese sentido la apuesta utópica de terminar con las violencias, ocurre caminando con otros.

"Estas estructuras sociales no les basta que cambies tú, ese es solo un paso. Hay que articularnos entre hombres y entre colectivos. Hay que cambiar y señalar esta estructura y sistema social patriarcal y machista en el que vivimos.

Me da esperanza que estamos intentándolo, estamos en el camino a la utopía y no estamos en el mismo sitio en el que estábamos antes".

 

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